
¿Quién era?
Era ella dibujando con sus manos milagros en el aire. Era pintura compuesta de aire. Era la danza de la realidad infinita. La música celestial y todos los astros y el vacío de la creación.
¿Dónde estaba?
Estaba dentro de mi corazón, la sentía danzar, despacio caíamos al precipicio maravilloso del instante. Estábamos donde esta ese instante impensable que no se arruga ante el tiempo, con la valentía de la eternidad, nos sumergíamos en lo incomprensible sin miedo a no entender vivíamos la danza del cosmos desde nuestro centro.
¿Qué hacía?
Se movía descomplejando su alma. Se insinuaba ante el universo, sabía que lo hacía ante sí misma, ante mí, pero era el inconsciente y yo quién danzaba con ella.
Ella se dejaba convivir con la magia del movimiento, la belleza surgía de cada rincón de su cuerpo. La aurora boreal humana se observa con los ojos de lo inexplicable. Ella contonea la tierra donde vive, donde realiza su espíritu la obra universal de vivir.
¿Qué dijo?
Dijo sin palabras, que ella no era solo humanidad. Ese es un tipo de vida material como lo es la misma agua o el mismo viento. Las flores y las estrellas se aman, el viento y el ave, nuestro incógnito y maravilloso organismo es aire, flor, ave… Nuestra esencia escapa al raciocinio del humano de a pie y negocio vano. El amor es la energía que habla sin palabras con cualquier vida, somos el todo de una experiencia inaudita para el que no se conoce a sí mismo. Somos la supremacía del cosmos que muere , se desarrolla , crece y nace una y otra vez, pero la razón nos ata al miedo, a lo perecedero de no vivir acorde a lo que somos y a lo sublime del instante mágico.
¿Qué le contestó la gente?
“Está loca” solo contesto la gente. La gente que aun no conoce la locura que es ella misma. Y la locura divina que mueve el universo. La cordura artificial es la atadura de la norma pormenorizadora de los seres defraudados. De quien no conoce cuál es su circunstancia dentro del espacio y tiempo eterno. El amor y la conciencia vuelve locas a las personas, demasiado cuerdas a quien necesita de ambas.
Estaba dentro de mi corazón, la sentía danzar, despacio caíamos al precipicio maravilloso del instante. Estábamos donde esta ese instante impensable que no se arruga ante el tiempo, con la valentía de la eternidad, nos sumergíamos en lo incomprensible sin miedo a no entender vivíamos la danza del cosmos desde nuestro centro.
¿Qué hacía?
Se movía descomplejando su alma. Se insinuaba ante el universo, sabía que lo hacía ante sí misma, ante mí, pero era el inconsciente y yo quién danzaba con ella.
Ella se dejaba convivir con la magia del movimiento, la belleza surgía de cada rincón de su cuerpo. La aurora boreal humana se observa con los ojos de lo inexplicable. Ella contonea la tierra donde vive, donde realiza su espíritu la obra universal de vivir.
¿Qué dijo?
Dijo sin palabras, que ella no era solo humanidad. Ese es un tipo de vida material como lo es la misma agua o el mismo viento. Las flores y las estrellas se aman, el viento y el ave, nuestro incógnito y maravilloso organismo es aire, flor, ave… Nuestra esencia escapa al raciocinio del humano de a pie y negocio vano. El amor es la energía que habla sin palabras con cualquier vida, somos el todo de una experiencia inaudita para el que no se conoce a sí mismo. Somos la supremacía del cosmos que muere , se desarrolla , crece y nace una y otra vez, pero la razón nos ata al miedo, a lo perecedero de no vivir acorde a lo que somos y a lo sublime del instante mágico.
¿Qué le contestó la gente?
“Está loca” solo contesto la gente. La gente que aun no conoce la locura que es ella misma. Y la locura divina que mueve el universo. La cordura artificial es la atadura de la norma pormenorizadora de los seres defraudados. De quien no conoce cuál es su circunstancia dentro del espacio y tiempo eterno. El amor y la conciencia vuelve locas a las personas, demasiado cuerdas a quien necesita de ambas.
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