miércoles, 1 de diciembre de 2010

SANACIÓN COLECTIVA

El instinto gregario hace que sea esencial para el individuo ser reconocido e integrado por la sociedad. Un emfermo aislado tarda más en sanar que uno que recibe el afecto de su colectividad. Entre los 613 mandamientos de la religión hebrea, el más importante es ir a visitar a los enfermos. Personas de buena voluntad debería reunirse para realizar curaciones colectivas. Puse en práctica un acto de psicomágia social en diciembre de 2007, en el teatro-circo Caupolicán, en Santiago de Chile. Acudieron seis mil personas, alas que, sentadas formando círculos alrrededor de una pequeña plataforma rectangular , pedí que se concentraran sólo pensando en sanar a un enfermo. Hice detenerse en medio de la plataforma a una mujer de 40 años que, debido a un cáncer de tiroides y a su operación, hacía 20 años que tenía dificultad para hablar: su voz era como un hilo agudo, casi incomprensible. Me bastó decir "todos somos curanderos" para que las seis mil personas extendieran sus manos hacia la mujer enviándole una energía que deseaba ser sanadora.
Ella, llorando de emoción, recibió este impacto emocional. Por unos minutos fue el centro del mundo; se vió rodeada de una masa humana deseándole la curación. Supimos que su familia la había obligado a casarse con un hombre que ella no amaba. El cáncer comenzó cuando parió a su hija. La muchacha, una joven de 20 años, nunca había escuchado la voz normal de su madre. En pocos, minutos la mujer sintió que algo se abría en su garganta. Meses más tarde fue recuperando la voz, y la alegría de vivir. Comenzó a estudiar canto. La relación con su hija mejoró notablemente.

Aconsejo que se reúnan grupos con el mayor número posible de individuos y que, sentados en círculo, dirijan las palmas de sus manos hacia enfermos deseándoles que sanen. En cada sesión podrán dar este benéfico tratamiento a muchos enfermos: bastan de cinco a ocho minutos de atención amorosa para que el paciente reciba, como un precioso regalo, la energía que le prodigan. Mientras los "curanderos" envían sus "ondas" deben murmurar los hombres la sílaba A y las mujeres la sílaba MOR.


Alejandro Jodorowsky

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