El amor constituye la única manera de aprehender a otro ser
humano en lo más profundo de su personalidad. Nadie puede ser
totalmente conocedor de la esencia de otro ser humano si no le
ama. Por el acto espiritual del amor se es capaz de ver los trazos
y rasgos esenciales en la persona amada; y lo que es más, ver
también sus potencias: lo que todavía no se ha revelado, lo que
ha de mostrarse. Todavía más, mediante su amor, la persona que
ama posibilita al amado a que manifieste sus potencias. Al hacerle
consciente de lo que puede ser y de lo que puede llegar a ser,
logra que esas potencias se conviertan en realidad.
En logoterapia, el amor no se interpreta como un
epifenómeno de los impulsos e instintos sexuales en el sentido de
lo que se denomina sublimación. El amor es un fenómeno tan
primario como pueda ser el sexo. Normalmente el sexo es una
forma de expresar el amor. El sexo se justifica, incluso se
santifica, en cuanto que es un vehículo del amor, pero sólo
mientras éste existe. De este modo, el amor no se entiende como
un mero efecto secundario del sexo, sino que el sexo se ve como
medio para expresar la experiencia de ese espíritu de fusión total
y definitivo que se llama amor.
Viktor Frankl.
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